Nuevo año

Va a comenzar un año, cargado de sueños, de metas por realizar, de incertidumbre, de sorpresas. Cada año tiene sus propias cualidades y arrastra consigo lo desconocido; eso es una de las maravillas de la vida. Sabemos de “hoy” pero no de “mañana” y es verdaderamente interesante ir aprendiendo,conociendo día a día, aquello que muchas veces no nos pasa por la mente que pueda ocurrir.

Debemos mirar el mañana, con esperanza, con fe y confianza; valorando lo que tenemos, apreciando lo que nos rodea, sin pensar en lo que aconteció en el pasado, sino que lo ocurrido haya sido solo algo pasajero que nos ayudó a crecer como seres humanos y que en su momento fue importante para poder ser lo que hoy somos; pero no nos aferremos al recuerdo de lo que fue, sino, vivamos cada dia de acuerdo a como vaya trascurriendo

Si ya hemos sembrado la semilla, ahora nos toca cosechar. Miremos hacia delante, con la cabeza bien alta, y con un corazón fuerte para poder lograr todo lo que nos propongamos.

Os deseo muchas cosas hermosas en el nuevo año y sobre todo mucha fuerza para sobreponerse a todas las pruebas que puedan presentarse en el camino

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Horas furtivas

La vida a veces te da quebraderos de cabeza crueles y te pone en situaciones mortales de necesidad. Cuando esto no es así prolongadamente te sientes muerta y deseas que al menos uno de estos momentos pase soslayado entre tu rutina. Pero cuando llegan, normalmente no vienen solos. Y te sorprenden en un jaque eterno del que temes salir mal parada.

Según se van dando las jugadas, más denotas tu final. Lo presientes inevitable, a escondidas, mientras la multitud clama tu victoria. Has conseguido que todo el mundo crea que puedes ganar mientras en tu interior deseas creer lo mismo, pero eres consciente de las limitaciones. Probablemente habrías ganado fácilmente una partida similar en otros momentos. Sin embargo esa partida, de una manera embrujada, está predestinada a perderse. Aún cabe la posibilidad de ganar, pero inaudita y recónditamente sabes que está perdida desde el principio. Y te planteas si en algún momento fuiste realmente consciente de haberla comenzado aún a sabiéndolo. Es otra de las maneras en las que se disfraza la victoria amarga. El orden de las cosas no siempre tiene porqué tener algún sentido.

En esos momentos juegas la partida por el placer de sentir lo que crees tuyo, de atrapar en un instante la felicidad, de sentirte sentida y, por qué no importante, durante unos instantes que pueden durar horas, días. Intentas prolongarla eternamente, hasta que no da más de sí, hasta que no puedes más, o hasta que la agónica inminencia del final presagia un dolor tan profundo que lentamente, y sin haber sido consciente del comienzo, está penetrando por tu piel, mezclándose con tu sangre, invadiendo tus músculos, tus huesos, terminando por adentrarse estrepitosamente en el corazón. En esos instantes en los que enajenada por la realidad dejas que la vida y el destino hagan jaque mate, te preguntas qué sentido tendría ganar si no debe ser así, qué sentido tiene la efímera felicidad si sólo vas a conseguir que dure un poco más. Porque cuando el destino se propone ganar una partida lo hace, tarde o temprano.

Y durante esos mismos instantes dudas si realmente es tan importante perseguir la felicidad, si no sería más fácil ser una mera observadora y dejarse llevar por la corriente de los ríos que, inevitablemente, van a desembocar al mar. Y las dudas pueden volverse tan atroces que lastimen tu esencia. Entonces solo te queda sobrevivir, que es otro quebradero, del que quizá en otro momento escriba.

Recuerdos de mi infancia

Será porque los juguetes modernos no dejan lugar a la imaginación. Y ahora son los microcircuitos los que piensan los personajes de los dibujos animados, que ya vienen con los diálogos incluidos. Y cada muñeca que arrastra tras de si, un séquito de accesorios que comprar: coches, ropa, incluido novietes.

Pero, ¿sabes? los juegos que mejor recuerdo de mi niñez no eran obra de los inventores, si no producto de la mente de mi abuelita. Su imaginación fabricó un mundo que se extendía mucho más allá de los mil metros de aquel campo. “Vamos a recorrer la finca”, decía con su dulce voz, y así lo hacíamos. Deteniéndonos a escuchar la historia que cada planta, cada animalillo campestre y que cada piedra tenia que contar. Que poética manera de ver el mundo, ¿verdad?.

Una lagartija que tomaba el sol sobre una piedra, era por ejemplo, el héroe de un cuento de dragones. Una rana en una charca esperaba a que llegara su princesa, para así besarle y convertirle en un hermoso príncipe. Los hongos de forma quebrada que crecían en una rama, así caída, eran la escalinata de un hada, que conducía hasta un reino secreto y misterioso. Un sauce llorón te conducía a una noche estrellada en el azul de una bahía donde existían las sirenas y los hombres-pez. Un día me enseño que una margarita parecía tener cara y que una amapola roja era el vestido de noche de cualquier semilla. También me enseñó que nos podíamos convertir en seres de otro planeta pegando en nuestras caras las espinas de las rosas, y pegando en nuestras ropas las espigas.

Aquel jardín contenía un mundo imaginario paralelo al real. Y yo lo dividí en países, e invente complicados destinos para sus habitantes. La estrecha franja donde rara vez daba el sol, por ejemplo, para mi era Inglaterra. O más o menos, un país desconocido y lejano. El jardín delantero, donde ella tenía macizos de flores, desde geranios a hierbabuena, pues era otro país exótico por su colorido y su olor. El pastizal de atrás era por lo menos, por lo menos, Australia y allí se producían epopeyas de trágicas exploraciones. Y la parte que daba el sol, era sin ninguna duda, España, y desde allí partían todos los exploradores, la mayoría caracoles y algún que otro saltamontes.

Y, ¿sabes? en otoño, las hojas caídas se prestaban para que jugáramos a la tienda de sombreros . Una hoja grande y rojiza era una vistosa pamela. Y una pequeña de color sepia, una sofisticada boina. Las ramas caídas eran caballos, si la rama era gruesa y grande era un caballo de pura sangre. Y si era pequeña y fina era un pony.

No, no hacia falta gastar para jugar a estos juegos. Lo único que se necesitaba era la dedicación de aquella imaginación prodigiosa que tenía mi abuelita.

Decidí

Así, después de esperar tanto, un día como cualquier otro, decidí triunfar. Pero no te creas que triunfar para salir en las fotos, para que me persiguieran los paparazzi… no..decidí no esperar a las oportunidades, sino yo misma buscarlas. Decidí ver cada problema como la oportunidad de encontrar la solución. Decidí ver cada desierto, como la oportunidad de encontrar un oasis. Decidí ver cada noche, como un misterio a resolver. Decidí ver cada día, como una nueva oportunidad de ser feliz. Esto si que es un triunfo, ¿sabes? Aquel día descubrí que mi único rival, no eran más que mis propias debilidades. Y que en ellas, está la única y mejor forma de superarnos. Aquel día dejé de temer a perder a equivocarme, al fracaso, y empecé a temer a no ganar. Descubrí que no era yo la mejor, que seguramente, ni nunca lo fuí, ni nunca lo seré. Pero dejo de importarme quien ganara en esta infernal carrera. Ahora, sencilla y llanamente, lucho por ser mejor cada día, mejor persona, más completa , más de verdad. Aprendí que lo difícil no es llegar a la cima, sino jamás dejar de subir. Aprendí que el mejor triunfo que puedo tener, es tener el derecho de llamar a alguien ” Amiga, amigo “. Aprendí que el amor es una filosofía de vida . Desde entonces sigo soñando, por levantarme cada mañana y seguir luchando. Sin grandes aspavientos, sin grandes metas. Y no espero, al contrario, voy a por ello ¿sabes? Sin pisar a nadie.

Una ciudad

-¿Te apetece un café en el“Moka?

-Vale, pero tú invitas.

Mientras sorbía aquel café que abrasaba, más por su escaso sabor que por su temperatura, escuchaba los comentarios y observaba como los demás clientes miraban completamente embobados un programa de televisión como si les fuera la vida en ello.

-Pedro ¡quita eso, por Dios!-, era lo único que se me ocurría decir en ese momento. Pero si lo hubiese dicho, las miradas se hubieran dirigido hacia mí y me hubiera sentido incómoda; nunca me gustó ser el centro de atención, aparte de que me hubieran callado de inmediato. Si hasta Pedro, el camarero, interrumpió sus quehaceres para ver el vomitivo espectáculo televisivo.

Así que seguí dándole vueltas a la cucharilla, sin hacer mucho ruido, ya que cualquier sonido distinto al que procedía de la televisión parecía enturbiar aquel “interesante” momento. De vez en cuando vigilaba la puerta, intentando huir de ese lugar, buscando una mirada que entendiera que no sigo la pauta de los aparentemente normales. Me puse a ojear el periódico, el cual recordaba que se cumplían siete meses de una barbarie, que Superman volaba más lejos que nunca, o que el equipo de mi ciudad iba de mal en peor.

Era un día más, con la misma monotonía de siempre, hasta que al mirar al frente pude ver algo que llamó mi atención. Eran billetes de lotería con el nombre de una ciudad, la misma que me había regalado tanto. Y junto a ella, una imagen que parecía mirarme con nostalgia. Aquella cafetería ya no parecía la misma, ni siquiera aquel café, que empezó a desprender sabor a momentos y compañías inolvidables.

-Hoy es mi día de suerte -pensé. Así que interrumpí la atención de Pedro para que me diera dos de ellos, y salí presurosa de aquel lugar.

Ya han pasado varios años de aquel día, y esos billetes siguen en mi poder guardados cual valioso tesoro en mi pequeño cofre de sueños. Quizá por miedo a que la magia que envuelve a esa ciudad pudiera desaparecer, porque tengo la certeza de que como alguien me dijo ese día, mi destino y mi fortuna están en esa ciudad. Una auténtica fortuna sin duda. Gracias.

 

Hoy quiero andar conmigo

Es que la soledad tiene sus bemoles y sostenidos. A veces uno elige estar solo, y otras veces la soledad te elige a ti. Algunos la han calificado como “la peste de nuestro siglo”. Muchas veces estando acompañados nos sentimos más solos. Lo cierto es que cuando uno decide disfrutarla es casi seguro que la extrañarás cuando no esté.   

Yo hoy quiero andar conmigo, quiero sacarme a pasear y comprarme un regalo que lo pueda disfrutar sola. Quiero prepararme un almuerzo, acompañarlo con Aldemaro Romero y una vela de vainilla. Quizás llevarme a la peluquería, arreglarme los pies, consentirme un ratico. Brindarme un refresco y conversar largamente sobre mis proyectos.

Hoy quiero sacarme al cine, a ver una película, y luego tomarme un vino en una barra sola, y sin ser tildada de “caza hombres” o de “puta”, porque me quiero sentar en una barra conmigo, y brindarme un trago para brindar con mi soledad, conversar con mis fantasmas y negociar sus forzosas apariciones.

Esta noche me provoca vestirme de seda negra, disfrutarme y regalarme una sonrisa y un beso en el espejo, dejarme seducir por el sueño y entregarme a Morfeo con la luna vigilando mi ventana.

Y es que hoy, solo me provoca andar conmigo.

Ya sabes…

Ponerme unas sandalias después de un año. Ponerme una sonrisa. La tuya. Y que le quede bien a mis días. Ponerme las pilas. La ilusión. La sensibiliidad. Ponérmela y no quitármela ni por casualidad. Ponerme una oportunidad cuando te siento pasar . Ponerme los miedos del revés para que ya no puedan ser. Ponerme las cosquillas más arriba, justo ahí, en los ojos para cuando tú me miras. Ponerme una lluvia para dormir. Y un pintalabios rojo porque sí. Ponerme un sí antes que un no. O incluso un tal vez. Ponerme de parte de los que empiezan a pesar. Ponerme en medio de tu rutina. De tus planes. De tu presente. Ponerme incluso delante de mis ganas de verte. Ponerme un abrazo y quedarme descalza para cruzar nuestras madrugadas. Ponerme de buen humor al despertar por la mañana. Ponerme tus caricias en las heridas. Ponerme de acuerdo o no. Que lo decidan tus besos. Pero que la vida es eso. Ponerme en el corazón. Ya sabes, no dejemos de REIR